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  • Ivette + Gabi

La Pulsera Verde Pálido


Luego de hacer el experimento de este episodio y llevar cuentas de cuánto me quejo durante el día, he decidido dejarme la pulsera al menos por un tiempo indefinido.

Es una pulsera de hule, verde pálida y con flores labradas que muy amablemente mi vecina y amiga Paola me cedió porque yo no tenía ninguna en mi casa. La pulsera no tiene significado por sí sola y créanme no está nada de moda andar con una pulsera así. Sin embargo, se ha puesto de moda para mi espíritu.


Muchas veces soy muy estricta conmigo misma y a veces veo los objetivos como si todos fueran fáciles de llevar a cabo. Mi comprensión y empatía se van al demonio porque creo que si yo puedo hacerlo, para el resto del mundo no debe ser una lucha. Considero que a veces no es necesario valerse de ayudas o muletillas para llegar a ese objetivo, sino que lo mejor es hacer el camino completo sin desvíos y consciente de cada paso.


Cuando leí el libro “Un Mundo sin Quejas” de Will Bowen, llegué a pensar en lo absurdo que es valerse de una pulsera para llevar cuentas de mis quejas. Para mí sólo bastaba con identificarlas y punto, pero a medida que Gabriela y yo nos adentramos en el tema y llegamos a distinguir las quejas del desahogo, las inútiles de las efectivas y sobre todo que quejarse no es solo la expresión de un sentimiento de pena, desazón o disgusto sino una actitud ante la vida; mi actitud frente al experimento cambió.


¿No les sucede que cuando les dan alguna opinión distinta a nuestra forma de pensar, llegan al punto de exclamar que es ridículo o absurdo?

Si son lo suficientemente abiertos de mente, puede que lo consideren con mayor detenimiento. De pronto esta opción puede ser mejor que lo que estoy haciendo ahora. Normalmente, no expreso en alta voz cuando algo me parece absurdo en ese momento. Generalmente me doy el tiempo de considerarlo incluso hasta tiempo después y he llegado hasta a cambiar de parecer.


En eso he sido muy constante: siempre que cometo un error, rectifico e incluso admito mi equivocación. Admitir y rectificar nunca ha sido difícil para mí. Además para mí es más agotador mental y emocionalmente mantenerme en un error y pretender que todo está bien solo para decir que tengo la razón. Eso me estresa mucho. Y finalmente la verdad siempre sale a flote y prefiero que salga a flote por mis propias acciones que ante personas que finalmente van a juzgarme sin contemplación.


¡Y claro! En este mundo de perfeccionistas hasta les ha parecido poco profesional de mi parte el admitir mis equivocaciones, pero en mi experiencia y lejos de esa crítica, siempre he estado lista con las correcciones y acciones necesarias, lista para admitir mis responsabilidades y gracias a alguna fuerza poderosa en el universo, he movido las piezas de tal forma hacia los mejores resultados.



Volviendo a la pulsera de hule, color verde pálido. Luego de empezar el experimento me di cuenta que no era absurda la idea que era necesario tener ese constante visual y recordatorio de que por queja, un cambio hacia la otra muñeca.


La pulsera me hizo notar la cantidad y frecuencia de mis quejas, además de reconocer el tipo de quejas que aquejan en mi vida. Sin ella no hubiera sido fácil el experimento y hubiera dejado pasar muchas de mis quejas, sobre todo las silenciosas y vacías. La pulsera se volvió parte rutinaria en el ejercicio de reconocimiento, así como lavarse los dientes y luego pasarse la lengua por cada uno de ellos para ver si están bien lavados.

El experimento terminó, pero la pulsera se quedó en mi muñeca esperando el siguiente cambio de muñeca, anticipando, reconociendo las quejas por venir. No he llegado siquiera a un día sin quejas, pero cada día me quejo un poco menos de lo inútil, lo innecesario, de lo que está fuera de mi control.


Y es más con cierta premeditación la cambio de muñeca porque voy a quejarme a sabiendas que como regla esta queja será con los implicados o que esta queja será un desahogo con alguien que va a escucharme activamente y contribuirá a la búsqueda de soluciones. Con alguien que no me juzgará y que me ayudará a ver más allá de mis narices.


Puede que no lo acepte al principio, pero de seguro reconsideraré y haré los cambios, las correcciones y hasta las admisiones necesarias para una resolución.


Espero seriamente que este ejercicio siga cambiando mi vida positivamente. Espero mantenerme alejada de los tentáculos de los chismes, de la crítica, de los juicios y prejuicios. Y si se rompe la pulsera de tanto abuso, pues me consigo otra, nada de moda con mi estilo, pero completamente de moda con mi espíritu.


Ivette Barragán

2020 Practica lo que Predicas

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