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  • Ivette + Gabi

Quiero dejar de compararme con otros.



La palabra comparación (del latín comparatio) es la acción y efecto de comparar. Esto se refiere a fijar la atención en dos o más cosas para reconocer sus diferencias y semejanzas y para descubrir sus relaciones. Comparar, por lo tanto, es cotejar.




Muchas personas hoy en día suelen estar comparándose con los demás, una práctica que muchas veces no suele tener buen fin, pues la persona que lo hace afecta su valoración propia o autoestima, experimenta ansiedad, no es capaz de reconocer sus riquezas. Es por eso que hoy elegimos este tema, para contarte ¿Por qué las personas se comparan, cómo les afecta y qué podemos hacer para evitarlo?


Una comparación puede basarse en aspectos físicos o en cuestiones simbólicas. Es decir que si se compara a dos personas, es posible hacerlo desde lo físico, por ejemplo, Laura es más alta, mientras que Juana es de contextura más robusta. Pero también se compara tomando como referencia las personalidades, por ejemplo: de estas dos personas José es más sociable, asertivo que Víctor en las reuniones de la empresa.


Según El psicólogo Bernardo Peña Herrera las comparaciones son perjudiciales.


¿Por qué?

Porque cada ser humano tiene sus virtudes y defectos. Cada persona es única e irrepetible. Porque al compararte podrías afectar y dañar tu autoestima y amor propio. Porque las circunstancias y las vivencias de las demás personas no son las mismas.

Compararse no tiene sentido porque cada persona tiene su potencial en lo que hace, y aunque dos personas hagan lo mismo, cada una le imprimirá a lo que hace su propia esencia, su voz.


Pero también puede ser negativa cuando es fruto de la inseguridad e inmadurez y por eso

Se utilizan para devaluarse o devaluar a la gente que nos rodea.La necesitas para calificar a las personas como si fueran simples objetos.Te provoca dolor y hace que tu bienestar dependa de los demás.


Tú ¿Compararías a un pájaro con un pez? Compararlos estaría mal ya que son dos especies diferentes. Por ejemplo si los valoras por la capacidad de volar, claramente el pájaro sería mejor, pero si las comparas por la capacidad de estar bajo el agua, el pez saldría victorioso.


¿Cuando comienza?

-En las familias lamentablemente algunos padres suelen comparar a sus hijos con los demás destacando lo que otros logran y sus hijos no.

- En la edad adulta: Las comparaciones por parte de personas que, con buena o mala fe, destacan aquello que los demás hacen o tienen y de lo que según ellos, tu careces.

Y de ahí es es importante recalcar que quien te compara con otros, lamentablemente no lo hace para reconocer lo que te hace único y especial sino para destacar aquello que careces, aquello que falla o no está dentro de los normal.


¿Por qué las personas se comparan?


La teoría de la comparación social, enunciada por el psicólogo social Leon Festinger en 1954, nos señala que cuando una persona se queda sin pistas obvias sobre su eficacia, valías o características, pone la atención en quienes le rodean. De este modo, obtiene una referencia sobre sí misma para hacer una valoración. Así, y de algún modo, el ser humano busca definirse a sí mismo tomando de referencia también al resto.


En un estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, por los doctores Sebastián Deri y Shai Davidai, nos indican que quienes tienen la mala costumbre de compararse ellos mismos o a sus seres cercanos con terceras personas, no aprecian lo que son y lo que tienen. Su sesgo pesimista e inconformista hace que nunca terminan de apreciarse tal cual son.


Cuando hay un empobrecimiento de la individualidad y por ende las personas comienzan a comparar y generalizar. Las personas se comparan continuamente porque han crecido en una sociedad competitiva en la que cada persona no vale por lo que es, sino en relación a los otros. En consecuencia no buscan su propia valía en el interior, sino en el exterior, comparándonos con los demás. Y aceptan– con más o menos reticencias – la vara de medir que gustosamente nos da la sociedad.


Entonces caen en la trampa mortal que el filósofo danés Søren Kierkegaard había vislumbrado en su libro “Edifying Discourses in Diverse Spirits” a inicios del siglo XIX: la comparación nos oprime y nos hace profundamente infelices.

Kierkegaard pensaba que compararse con los demás te envuelve en la telaraña de la insatisfacción, alejándote de tu esencia e impidiéndole ser auténticos.


La psicóloga Jennifer Delgado lo explicaría así: Un ave se provee alimento y construye un nido donde guarecerse. Es todo lo que necesita para vivir y lo hace de manera natural, sin preocuparse. Podría vivir dichosamente. Hasta el día en que se compara con un “ave más rica”. Entonces comienza a preocuparse por construir un nido más grande y buscar más alimento, aunque no lo necesite. En ese preciso instante lo natural cede paso a lo artificial y la satisfacción se transforma en insatisfacción. Una vida feliz se transmuta en una vida miserable.

Según Kierkegaard a a las personas les pasa lo mismo. No son las necesidades reales las que generan preocupaciones, ansiedad e infelicidad sino la comparación constante, la que lleva a desear y consumir mucho más de lo que necesitan.


Las comparaciones crean necesidades que originalmente no tenías. Zygmunt Bauman alertó sobre ese peligro en una sociedad que hoy en día sabemos que está dominada por las redes sociales: “La fuerza impulsora de la conducta ya no es el deseo más o menos realista de mantener el mismo nivel de los vecinos sino la idea, nebulosa hasta la exasperación, de alcanzar el nivel de las celebridades”.


Y en consecuencia:

Mientras más larga sea la vara de medir, más frustrado o frustrada te sentirás.Emprendaras una carrera desenfrenada en el intento de satisfacer esas nuevas “necesidades”, que deberían hacerte felices pero que realmente terminan consumiendo tu vida con la llama de la insatisfacción permanente.


Lo dijo Kierkegaard: “cuanto más se compara, más indolente y miserable se vuelve la vida de una persona […] La comparación puede conducir al hombre al desánimo total porque quien se compara debe admitir a sí mismo que está detrás de muchos otros”.

Si en este punto sientes ya la necesidad de escapar de la necesidad de compararte con los demás la solución comienza por reconocer que compararse no es un problema, es un síntoma. Un síntoma de que no te gustas, no te quieres, no te reconoces ni te valoras lo suficiente.


Cuando sueles estar comparandote con los demás afectas tu crecimiento personal, no eres capaz de reconocer quien eres, puedes encontrarte no solo deseando, sino también buscando tener la vida que crees que es perfecta de otras personas. Y mientras te envuelves en este mundo te estás perdiendo muchas cosas, te estas perdiendo a ti mismo. Y de verdad quieres eso?


Practica


Hoy quiero brindarte para que puedas romper las cadenas de las comparaciones de los demás y enfocarte más en ti, en tu vida y en ser feliz.


  1. Identifica tus comportamientos comparativos. El comportamiento comparativo sucede cuando te comparas con los demás( Posición superior o inferior). Por lo general, tu comparas las características positivas o negativas de otras personas con las tuyas.( Haz un registro escrito de tus comportamientos comparativos, con quien te comparas, desde qué posición superior o inferior).

  2. Potencia tu autoestima:  La autoestima es la valoración positiva o negativa que haces de ti mismo. Todos tenemos días buenos y malos, y con frecuencia, la forma en que nos sentimos con nosotros mismos cambia diariamente para reflejar los eventos.

  3. Concéntrate en lo que tienes y aprende a enfocarte en la abundancia y no en la carencia: Identifica cuántas veces estás pensando o diciendo: “me falta esto”, “me falta lo otro”, “perdí esto”, “nunca voy a conseguir aquello”… este diálogo interno te mantiene conectado con la carencia. Empieza a sentir y a expresar gratitud por los talentos, dones, habilidades, cosas materiales, familia etc. Por ejemplo cuando te levantes menciona 3 cosas por las cuales estás agradecido. Si comienzas hacerlo dejarás poco a poco de enfocarte en los demás y empezarás a enfocarte en ti. Dedica más tiempo a enfocarte en lo positivo y bueno de tu vida. Podrías darte cuenta de que empiezas a notarlo más cuando no estás ocupado comparándote con los demás.

  4. Recupera el control de tu vida. Es muy difícil resistirte a compararte con los demás, pero al final tú tienes el control de tu vida. Tú tomas las decisiones para dirigir tu vida de una forma particular. Tú tomas las decisiones que son mejores para ti y no para nadie más. ¿Cómo? Averigua qué quieres cambiar tú sobre ti mismo o qué quieres hacer con tu vida. Cómo quieres vivir tu vida y qué cambios deberías hacer para ser más feliz. PERO Tú, no tu padre o tus compañeros de trabajo.

  5. Práctica la generosidad: Identifica si estás juzgando de forma continua a los demás, es probable que también lo hagas contigo misma. Por el contrario, si eres más amable con las personas y estás dispuesta a ayudarlos, seguramente también serás amable contigo. Focalizar tu mente en ayudar a otras personas y en ser generosa te permitirá ir cambiando los pensamiento y comportamiento negativos que utilizas contra ti mismo.

  6. Evita idolatrar: Hay personas que para ti son superhéroes( no necesariamente de ficción o películas) que pueden inspirarte y motivarte a hacer cosas beneficiosas para ti( mentores, personas de éxito). El problema está cuando comienzas a idolatrar a esa persona, cuando comienzas a pensar que no podrás conseguir las cosas como esas personas, que nunca llegaras a hacerlo como ellos. PONER LOS PIES SOBRE LA TIERRA y recordar: 1. Que esas personas son seres humanos con virtudes y defectos y no son perfectos. 2.Qué tú y esa persona son diferentes. Cuestionandote ¿Si de verdad tu quieres hacer y lograr lo mismo que esa persona? Hay personas que se comparan con los demás sin ni siquiera plantearse si de verdad quieren eso que tiene esa otra persona. Caso: Una joven solía expresar que “tendría que ser capaz de hacer más cosas a lo largo del día, como su cuñada, que todo lo que hace…”. ¿Y qué pasó? Que un día reconociendo sus pensamientos e intentando hacer todo lo que hacía su cuñada se dio cuenta de que ella, en realidad, no quería ni necesitaba hacer tantas cosas para ser feliz…

  7. Acéptate, acéptate: Todo comienza con la aceptación de ti mismo. En este contexto aceptar significa CONOCERTE porque, si no te conoces y no sabes cómo quieres ser, es lógico que te dejes deslumbrar por cualquiera que esté a tu lado. En ese proceso de autoaceptación empezamos a descubrirte, gustarte y valorarte por lo que eres. EMPIEZA a pensar cómo quieres vivir y qué cambios te haría realmente feliz.

  8. Reconociendo que la persona con la que te comparas: No es perfecta, es un ser humano que también tiene problemas, inseguridades, que puede experimentar ansiedad, estrés. ¿A que siempre te comparas con las personas que crees que son mejores en eso de lo que tú crees carecer?

  9. Identificando tu propia mochila: Tu historia de vida, tu educación, tus circunstancias y tus posibilidades no son las mismas de las personas con las cuales te comparas.

  10. Reconoce el verdadero mensaje que tiene el síntoma de las comparaciones en ti: Observa qué es eso en lo que te comparas porque seguro que te está diciendo algo de ti, de un aspecto que es importante para ti y en el que, si quieres, puedes empezar a trabajar. Tal vez es falta de autoestima, un cambio en tus intereses, tu capacidad de relacionarte con los demás, tu seguridad o tu aspecto físico.

  11. Dedica más tiempo a lo que te hace feliz (probablemente tengas algunas actividades en mente que te hagan sentir mejor, como escuchar música, pintar, ir caminando al trabajo para hacer un poco de ejercicio, aprender recetas nuevas para disfrutar de esa comida sana y sabrosa, o decorar tu casa) y deja de hacer lo que no te hace sentir feliz. Si quieres sentirte mejor contigo, averigua cómo quieres vivir tu vida y qué cambios deberías hacer para ser más feliz. Cuando los cambios que hagas en tu vida te hagan sentir más feliz, compararte con los demás ya no tendrá sentido porque ya te sentirás satisfecho contigo mismo.


Para concluir quiero invitarte hoy a que conectes más con tu esencia lo que te permitirá comprender que necesitas y que quieres verdaderamente. identifica así tus necesidades y deseos auténticos que vengan de ti y no de lo que te impone las comparaciones.


Jeymi Febles.


Recursos de este episodio:


Jeymi Febles Jáquez

Este artículo y script ha sido escrito por Jeymi Febles Jáquez.

Psicóloga Clínica, Escritora y Emprendedora dominicana.Máster en Terapia Familiar y de Pareja. 


Autora del libro: Aprendiendo a Ser Mamá y escritora de libros de Formación Integral Humana y Religiosa para educación básica y media.


Productora y conductora de los Podcasts: Entre Pareja y Vivir en Armonía.


"Mi objetivo a traves de lo que hago es aportar contenido y experiencias de valor a las personas de todo el mundo sobre los temas que manejo."



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